domingo, 23 de octubre de 2011

MADRID... DESDE EL BUS

Fue bueno hacer un recorrido por Madrid en el bus turístico... ¡no hay otra forma de conocer lo más auténtico y representativo de la ciudad...! Sus palacios enormes y hermosos, sus callejuelas estrechas, llenas de balcones de cara a la vecina... sus cafecitos en la vereda saludando al transeúnte despistado que tropieza con una de sus sillas esperando que se siente... los distintos acentos que llenan el aire de tonalidades bellas... todo, como si fuera un cuadro realizado con mil colores para hacerlo lindo y cercano, cálido y lleno de luz.

sábado, 22 de octubre de 2011

FELIPE... ¡TE VI POR TODO MADRID!

Decirte que eras más español que el más auténtico madrileno es decir poco... ¡majo! Ya sea que estuviera en La Gran Vía o en el bus turístico por el centro de la ciudad... te vi por todas partes. Un hombre altísimo, hermoso y sonriente parado junto al semáforo me hizo pensar: «Felipe era españolísimo... por eso compartía su corazón con Chile y contigo». 
   En el aeropuerto Barajas había un hombre como de tu edad con un bolso de cuero en su mano. Tenía el pelo negro y brillante, unos ojos pícaros y la mirada profunda. Y pensé en ti. Y en todas las veces que llegaste a este mismo aeropuerto y esperaste tu valija para seguir viaje a Islas Canarias.
   Conocer algo de tu España fue bellamente doloroso... y es que, aunque no lo creas, ¡te vi paseando por todo Madrid!

CAFÉ CON LECHE EN MADRID...

Fue mi primer cafecito con leche en la Madre Tierra... ¡simplemente, delicioso! Casi al lado del hotel, en un café a la orilla de una avenida bordeada de árboles verdes, llenos de frescura. Café con leche y cuernitos... ¿qué más se puede pedir? No hace falta nada más.

viernes, 21 de octubre de 2011

BALCONES MADRILEÑOS...

Me fascinan los balcones. Sufro de pánico a las alturas, pero los balcones son mi debilidad. Me gustan de todo tipo... pero nada más bello que los balcones españoles. Tienen ese «no sé qué» de los lugares misteriosos. Te atrapan sus hermosas formas... sus barrotes... sus enredaderas verdes y sus flores. Hay algo que no logras ver, pero que sientes cuando miras un balcón madrileño.

GRAN VÍA LUMINOSA...


Verla y amarla fue cosa de segundos. IMPRESIONANTE HERMOSURA son las palabras adecuadas que describen a una ciudad de una gama arquitectónica que deja boquiabierto a quien la observa. Debes hacerlo enmudecido. Atolondrado por su imponente belleza, su lumunosidad, su algarabía.
   Mujeres bellas que visten vestidos estilo Ann Taylor o Ralph Lauren. De tacones altos y cabellos brillantes al viento. Ellos, con trajes «en la onda» Armani, pegaditos al cuerpo, camisa y corbata, zapatos puntudos y lustrosos. Parecen modelos de revistas de moda. Los madrileños son gente bella y bien vestida.
   Jóvenes por todos lados. Sus jeans con rajaduras y t-shirts con algún mensaje de protesta o, incluso... ¡subidito de tono! Tatuados, con aros por todas partes. Hablan rapidísimo y sin parar. Fuman demasiado. 
   La moda son las botas. Botas de todos los estilos y con todo tipo de ropa... sobre los jeans, con mini-faldas, con vestiditos cortos, con shorts... con vestidos-camiseros, en fin... las botas la llevan en Europa. 
   Madrid es luminosa y agitada, cosmopolita y, a ratos, provinciana... eso ocurre cuando estando en la Gran Vía descubres callejones estrechos, llenos de balcones y cortinas bailando al viento. Vecinas saludándose... de balcón a balcón... «Que... cuéntame... que cómo te fue en lo del doctor...» «Bien, mujer... que todo marcha a las mil maravillas...» «Vale... ¡hasta luego, entonces!» «¡Hasta luego, querida!»
   Todo puede ocurrir en Madrid... hasta que una chilena que ni soñaba conocerla... ¡se derritiera de amor por ella nada más verla! Así es la vida...