viernes, 21 de octubre de 2011

GRAN VÍA LUMINOSA...


Verla y amarla fue cosa de segundos. IMPRESIONANTE HERMOSURA son las palabras adecuadas que describen a una ciudad de una gama arquitectónica que deja boquiabierto a quien la observa. Debes hacerlo enmudecido. Atolondrado por su imponente belleza, su lumunosidad, su algarabía.
   Mujeres bellas que visten vestidos estilo Ann Taylor o Ralph Lauren. De tacones altos y cabellos brillantes al viento. Ellos, con trajes «en la onda» Armani, pegaditos al cuerpo, camisa y corbata, zapatos puntudos y lustrosos. Parecen modelos de revistas de moda. Los madrileños son gente bella y bien vestida.
   Jóvenes por todos lados. Sus jeans con rajaduras y t-shirts con algún mensaje de protesta o, incluso... ¡subidito de tono! Tatuados, con aros por todas partes. Hablan rapidísimo y sin parar. Fuman demasiado. 
   La moda son las botas. Botas de todos los estilos y con todo tipo de ropa... sobre los jeans, con mini-faldas, con vestiditos cortos, con shorts... con vestidos-camiseros, en fin... las botas la llevan en Europa. 
   Madrid es luminosa y agitada, cosmopolita y, a ratos, provinciana... eso ocurre cuando estando en la Gran Vía descubres callejones estrechos, llenos de balcones y cortinas bailando al viento. Vecinas saludándose... de balcón a balcón... «Que... cuéntame... que cómo te fue en lo del doctor...» «Bien, mujer... que todo marcha a las mil maravillas...» «Vale... ¡hasta luego, entonces!» «¡Hasta luego, querida!»
   Todo puede ocurrir en Madrid... hasta que una chilena que ni soñaba conocerla... ¡se derritiera de amor por ella nada más verla! Así es la vida...

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