Decirte que eras más español que el más auténtico madrileno es decir poco... ¡majo! Ya sea que estuviera en La Gran Vía o en el bus turístico por el centro de la ciudad... te vi por todas partes. Un hombre altísimo, hermoso y sonriente parado junto al semáforo me hizo pensar: «Felipe era españolísimo... por eso compartía su corazón con Chile y contigo».
En el aeropuerto Barajas había un hombre como de tu edad con un bolso de cuero en su mano. Tenía el pelo negro y brillante, unos ojos pícaros y la mirada profunda. Y pensé en ti. Y en todas las veces que llegaste a este mismo aeropuerto y esperaste tu valija para seguir viaje a Islas Canarias.
Conocer algo de tu España fue bellamente doloroso... y es que, aunque no lo creas, ¡te vi paseando por todo Madrid!

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